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Calidad en la redacción corporativa (II)

Miguel E. Antezana C. (*)

En la entrega anterior destacamos la importancia de la redacción corporativa como responsable de las manifestaciones informativas o comunicacionales en las organizaciones, pero también como una muestra más de la identidad corporativa y, consecuentemente, generadora de imagen. En este contexto, es común notar los aciertos y las fallas conceptuales existentes en la redacción de algunas de las proposiciones de mayor jerarquía que tiene toda organización.

Empecemos por el principio

El que mucho habla; no dice mucho, necesariamente. Esto puede aplicarse a aquellas empresas que quieren tener, además de sus indispensables misión y visión, un listado de principios y otro de valores. Sin embargo, el problema puede radicar en el desconocimiento de lo que es y lo que debe expresar un principio y un valor, conceptos que suelen confundirse.

Un principio, según la acepción más adecuada del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), es una “norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta”. En el caso de valor, de acuerdo con el mismo DRAE, se entiende como la “fuerza, actividad, eficacia o virtud de las cosas para producir sus efectos”. Vale aclarar que estamos tomando en cuenta los significados que más lógica tienen para las organizaciones, de la larga lista de conceptos que expone el Diccionario.



En este sentido, un principio es inamovible, es como un cimiento para el comportamiento corporativo y lo regirá indefinidamente; a menos que la misión de la organización cambie en algún momento. Por el contrario, el valor es una virtud que facilita la eficiencia de las actividades organizacionales; pero podría cambiar en el tiempo de acuerdo con la coyuntura u otros factores que obliguen a asumir otro valor como corporativo.

Veamos un ejemplo: un principio de una institución financiera podría ser la “honradez”. Es inimaginable, inconcebible, que una organización de este tipo no tenga como base de sus actividades la honestidad o rectitud en todo lo haga; ya que es lo que generará la confianza de sus clientes. Del mismo modo, un valor puede ser la “innovación tecnológica”, el cual permitirá que todas sus labores se hagan de una manera rápida, eficiente y que generen la mayor satisfacción en sus públicos.

Sobre la base de este razonamiento, dicho principio se ha mantenido, se mantiene y se mantendrá siempre en las instituciones financieras; pero el mencionado valor podría evolucionar o hasta cambiar en un futuro, de acuerdo con el mismo dinamismo y requerimientos del mercado. Si revisamos las manifestaciones de principios y valores de algunas organizaciones, nos podemos encontrar con algunas sorpresas -y no muy gratas- por el desconocimiento conceptual.

Escribiendo y aprendiendo

Un tema discutido y discutible ha sido siempre el uso de los gerundios, formas de los verbos que denotan acción o estados durativos. Siendo estrictos, su uso se acerca más a un carácter adverbial, es decir, complementar la significación de otro verbo, de un adjetivo o hasta de otro adverbio. Si decimos “estoy escribiendo” es claro que dicha acción tiene una duración finita en el tiempo, ya que en algún momento me detendré.

El uso de gerundios también puede denotar dos acciones (o más) simultáneas, pero que son realmente posibles de hacer a la vez: “bajó las escaleras cantando”. Sin embargo, no es correcto decir que “… se cayó torciéndose el tobillo”, pues estaría expresando que mientras caía, se iba torciendo el tobillo simultáneamente (en realidad la torcedura es consecuencia de la caída).

Todo esto viene a colación por el mal uso de los gerundios en slogans, misiones, visiones u otras manifestaciones de identidad corporativa. En este sentido, si una misión –por ejemplo- expresa que “estamos contribuyendo con…”, la organización está expresando que su labor acaba en algún momento, cuando en teoría es algo que siempre hace y seguirá haciendo. Lo correcto sería decir, "Contribuimos con… ".

Por otro lado, hay quienes sostienen que simplemente el gerundio es una forma verbal no grata para los oídos; y menos agradable cuando hay un mal uso de las palabras y de los conceptos. Por ello es recomendable que si no se tiene la certeza de su utilización, es preferible evitarlo en el lenguaje de la Comunicación Corporativa.

Antezana Comunicación Corporativa ®

* Artículo publicado en el diario "El Mundo" (Caracas, Venezuela), lunes 24 de mayo de 2010, pág. 22


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¿Sabe realmente de Imagen Corporativa?

Miguel E. Antezana C. (*)

Todos los días, todos los miembros de una organización trabajan con ella, por ella y para ella; sin embargo, pocos (por no decir, nadie) lo hace una manera consciente, juiciosa y planificada. Nos referimos a uno de los activos intangibles más estratégicos desde el punto de vista comunicacional: la Imagen Corporativa.

¿Imagen es reflejo?

La Imagen Corporativa es la consecuencia del trabajo comunicacional de una organización en su conjunto, de los trabajadores en forma independiente, y de las labores diarias y rutinarias. Partiendo sobre la base de que la institución posee una identidad propia -que la diferencia claramente en el mercado y la sociedad en general- los procesos de comunicación están (o deberían estar) realizándose con el objetivo de generar una Imagen siempre positiva.

Debemos entender como Imagen el resultado del proceso de percepción, interpretación e interiorización que realizan los públicos objetivo de una organización, dentro del marco de sus labores comunicacionales; pudiendo ser la imagen estratégicamente planificada o involuntariamente generada (no intencional).

Veamos un ejemplo: un establecimiento que comercializa todo tipo de calzados -luego de todos los procedimientos formales y legales para establecerse- tiene una estructura organizativa propia, unos procesos elementales para realizar las ventas y, generalmente, un nombre, unos colores y una forma particular de trabajar para diferenciarse de los demás comercios del ramo. En la medida que todo lo nombrado sea de conocimiento de todos los integrantes de la organización, esté claramente interiorizado y lo hagan parte de la personalidad corporativa, estaremos ante la presencia de la Identidad Corporativa de esta empresa, a la que llamaremos “Z”.

Si esta organización trabaja con criterios de Comunicación Corporativa, invariablemente tendrá sus respectivos procesos de comunicación interna y externa, todos alineados y apuntando hacia una misma visión, como por ejemplo: “ser la zapatería con los mejores productos, con precios competitivos y la mejor atención al cliente de la ciudad”. En este sentido, todo lo que “Z” comunique tendrá como objetivo generar la misma “imagen”, no sólo para los actuales y potenciales clientes, sino para sus propios trabajadores y para la ciudad en general. La Imagen Corporativa no es un reflejo de “lo que hace” la empresa, es un resultado cuidadosamente trabajado; a veces durante muchos años.

Problemas de Imagen

Aunque suena como muy fácil, la gerencia de la Imagen Corporativa es un asunto muy serio pues se trata de una responsabilidad compartida entre personas que –frecuentemente- no saben que tienen ese compromiso en sus manos. Siguiendo con el ejemplo, si las(os) vendedoras(es) de “Z” sólo tienen en mente vender la mayor cantidad de productos para ganar mayores comisiones y por ello convierten el establecimiento en un “campo de batalla”, en el que los clientes son la presa a cazar, seguramente eso generará “ruidos” entre los visitantes al comercio.

Estos “ruidos” pueden ser el casi acoso que sufre el posible comprador (al tener un vendedor “pegado” esperando alguna pregunta o preguntándole qué busca); o antagónicamente el poco interés de los vendedores; o la lentitud en responder a los requerimientos del cliente y una serie de posibilidades más que distan mucho del objetivo de “ser la zapatería con los mejores…”.

En realidad, estas situaciones son acciones comunicacionales (quizás involuntarias) de los trabajadores y que tienen como resultado “Imágenes” ante los públicos externos y que -con toda seguridad- no son positivas y deterioran los mensajes que publicitariamente podría estar transmitiendo “Z”. La Imagen Corporativa se genera con cada acción, pero también con la inacción de la empresa ante sus problemas ya sean internos o externos.

Gimnasia no es magnesia

Un error común es confundir los elementos de Identidad Gráfica con Imagen Corporativa. El logo, el isotipo, la grafía, los colores, las formas que identifican las marcas, productos o la razón comercial son elementos de la identidad gráfica de la organización, es la “manera de vestirse y mostrarse” ante la sociedad y/o el mundo. Dichos elementos pueden ser muy vistosos, elegantes, llamativos, sobrios; en fin, muy acordes con como quiere lucir la empresa.

No obstante, el poseer una impecable identidad gráfica no implica que la imagen que la empresa genere sea positiva, pues con sus comportamientos puede generar reacciones negativas en sus clientes, proveedores y relacionados. La elegancia al vestir no es sinónimo de buenos modales al tratar a la gente; y muchas empresas lo demuestran.

La gerencia comunicacional con criterios de Comunicación Corporativa es definitivamente la estrategia adecuada que encaminará al éxito de las organizaciones del siglo XXI. El resistirse a darle la importancia adecuada es dejarle el camino abierto a la competencia y quedarse sentado a esperar el propio declive organizacional.

* Artículo publicado en el diario "El Mundo" (Caracas, Venezuela), lunes 19 de octubre de 2009, pág. 19

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El tamaño no importa

Miguel E. Antezana C. (*)

La tarea más difícil de un emprendedor es dar el primer paso, y si a eso le agregamos un entorno en el que -por más de un año- no se habla de otra cosa que no sea la crisis, empezar a caminar puede tomar una eternidad. No obstante, debemos tener presente que lo único constante es el cambio; por lo tanto, haya crisis o no, por encima de todo deben estar las metas personales.

Si nos referimos a la creación de pequeñas y medianas empresas (PyMEs), éstas pueden convertirse en un sueño, en una quimera, alimentado por un largo camino burocrático que hay que transitar para formalizar su creación de manera legal. Sin embargo, si existe gente que lo logró –y la seguirá habiendo- ¿Por qué nosotros no?

Paso a paso

Asumiendo que tenemos nuestra empresa constituida, y suponiendo que también se han realizado ciertos pasos previos y fundamentales para la naciente organización (plan de negocios, establecimiento de la misión, visión, política financiera, etc.), es imprescindible establecer la filosofía gerencial de la empresa, la forma de administrarla, de llevar las riendas, la cual –al fin al cabo- determinará su desarrollo futuro.

Si la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por los consejos, propuestas, modelos y “palabras santas” de los gurús de la administración y la gerencia (o del management, según algunos gustos) insistiendo en la búsqueda de la competitividad –lo cual no ha perdido vigencia-, creemos que el siglo XXI viene bajo el paraguas de la Comunicación Corporativa. En otras palabras, la herramienta gerencial por excelencia de este siglo es la comunicación.

La organización en las PyMEs

Uno de los falsos mitos que se tiene en cuanto a estructura organizacional es que un área de comunicación tiene que ver con un “área de prensa”, lo cual es totalmente errado. La profesión de “periodista” existe y coexistirá con los medios de comunicación, encargados de procesar información y brindársela a sus diversos públicos; cada día en forma más interactiva. Sin embargo, para toda organización distinta a un medio de comunicación, el profesional requerido es un “comunicador social” con una preparación especializada en la Comunicación Corporativa.

Sobre la base de lo anterior, el que se esté frente a una micro, pequeña o mediana empresa, no implica que no se tomen en consideración criterios comunicacionales tanto para su gerencia como el desarrollo de sus actividades. Por el contrario, las PyMEs son las organizaciones que más necesitan de la comunicación como una herramienta de gestión empresarial.



Desde su creación, las PyMEs ingresan a un mundo en el que los consumidores no tienen preferencias de empresas por el tamaño de sus oficinas, por su capital, por la cantidad de empleados que posea u otros factores netamente internos, sino por lo que ofrece y cómo lo ofrece; mas aún cuando las nuevas tecnologías de información se han convertido en un mundo de oportunidades empresariales y en una ocasión para competir de igual a igual con todas las empresas del mercado.

Eso no quiere decir –necesariamente- que se deba poseer un área de comunicación, físicamente hablando, pues para eso se tiene como alternativa la existencia de otras empresas que brindan servicios externos especializados, sin incidir financieramente en materia de sueldos, prestaciones y todos los costos relacionados con la administración del recurso humano.

Comunicación e imagen

El que la empresa tenga desde sus inicios elementos de identidad gráfica que lo caractericen no es el único elemento a tomar en cuenta para afirmar que sí se trabaja la comunicación. La identidad está compuesta de varios factores -algunos que pueden establecerse y otros que van surgiendo con la actividad empresarial- y no puede limitarse a elementos gráficos como un logo, un nombre, una marca, unos símbolos o un encarte.

Gestionar la empresa con criterios comunicacionales sólidos desde sus inicios, transmite a los públicos seriedad y genera en ellos empatía y confianza. Inclusive, la gran ventaja de las PyMEs sobre las “grandes” empresas es la facilidad de crear la imagen de atención rápida, oportuna y personalizada; siempre y cuando exista esa cultura comunicacional a la que nos referimos.

El conocido refrán “una imagen vale más que mil palabras” (más allá de las discusiones matemáticas, filosóficas y culturales) cobra nuevos brillos, pues la Comunicación Corporativa tiene la capacidad de gerenciar esa imagen, transformarla, perfeccionarla, dirigirla y convertirla en un poderoso vínculo con los públicos o clientes de la empresa.

Si está al frente de una micro, pequeña o mediana empresa, y se sigue preguntando cuándo es que la compañía “tomará vuelo”, primero debería preguntarse si es que se colocó las alas de la comunicación.


(*) Artículo publicado en el diario "El Mundo" (Caracas, Venezuela), lunes 14 de septiembre de 2009, pag. 23

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Apuntes para un Comunicador Corporativo

Miguel E. Antezana C. (*)



Un líder exitoso invertirá e incrementará la cantidad de tiempo
dedicada a los asuntos de la comunicación. Sólo tome un ejemplar de “Fortune”, por ejemplo, y verá a ejecutivos explicando qué es lo que sus compañías están haciendo.

Steven J. Harris

Un refrán dice que “detrás de un hombre exitoso, hay una gran mujer”. Con el pasar del tiempo esta frase ha tenido añadiduras, algunas cómicas, pero ninguna le quita valor . Hoy en día, en el campo empresarial, es (y debe ser) impensable que detrás de una gran empresa con excelente imagen en el mercado, no exista un comunicador social corporativo o -para simplificar- un comunicador corporativo.

El tema no es nuevo, pero siempre será novedoso en la medida que en todo el mundo, todos los días, nazcan empresas, pequeñas, grandes, privadas o públicas. Puede ser que muchas de las que se integran al mercado hayan desarrollado un minucioso plan de negocios, uno en el que las cifras cuadran maravillosamente y en el que se prevé alcanzar la rentabilidad en un horizonte determinado; sin embargo, muy probablemente se toparán con una pared o con un trampolín que no siempre ha sido cuantificado en la hoja de Excel: la Comunicación Corporativa (CC).

Así como surgen, otras tantas empresas con años de tradición en el mercado pueden verse frente a una inentendible situación: el negocio no marcha bien, sus clientes no las prefieren como antes o sus empleados no trabajan con el mismo ímpetu que tiempo atrás.

Es precisamente ante este tipo de coyunturas cuando toma importancia –y hasta se “descubre”- el quehacer del comunicador corporativo como experto en su área y, sobretodo, como administrador de activos intangibles de la empresa y hasta como generador de utilidades. Específicamente, nos referimos a aquellos activos denominados: identidad, cultura corporativa, reputación e imagen corporativa; los cuales poseen a su vez una cantidad de “sub cuentas” con un valor agregado ignorado por la contabilidad tradicional y que se administran a través de las diferentes herramientas con las que cuenta la CC.

No es el objetivo de este trabajo recopilar definiciones o conceptos que perfectamente se pueden encontrar en la bibliografía que existe sobre la CC (para algunos relativamente poca, comparada con otras ciencias sociales); sin embargo, cuando la comprensión del trabajo lo requiera, haremos uso de ellos.

Nuestro propósito es transmitir algunas realidades, ciertos lineamientos, determinadas áreas de acción y hasta algunas pistas por las cuales este comunicador especializado debe recorrer, ahondar, perfeccionarse y hasta – ¿porqué no?- investigar.

Punto de partida

Creo en Dios, en la familia y en McDonald’s pero,
en la oficina, el orden es a la inversa.

Ray Kroc

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) , periodismo es la “captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades”. Y periodista es la “persona legalmente autorizada para ejercer el periodismo” o la “persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión”.

Al egresado de la carrera de Comunicación Social, o de Ciencias de la Comunicación, suele llamársele “periodista”, cuando en realidad no todos se dedican a las labores que el DRAE tipifica para la definición de este profesional.

De hecho, si vamos a la definición de comunicador, la Academia dice que es aquel “que comunica o sirve para comunicar” y “dicho de una persona con una actividad pública: Que se considera capacitada para sintonizar fácilmente con las masas”.

El comunicador social es todo eso y mucho más: es un científico social. Sus campos de acción son tan variados, que las universidades se vieron obligadas –años atrás- a dividir las carreras en diferentes menciones de especialización, luego de un período de estudios comunes o básicos.

La opción o rama, a nuestro juicio, con mayor proyección profesional es la CC; no sólo por los innumerables nichos de trabajo (que son las empresas en general), sino por las nuevas realidades sociales, económicas, políticas y culturales, a las que las compañías deben hacerle frente en el aspecto comunicacional.

En este sentido, entendamos la Comunicación Corporativa como: los procesos de información y comunicación de las empresas, en diversas áreas y con objetivos particulares, que son diseñados para transmitir una imagen estratégica a sus públicos objetivo.

Un profesional multidisciplinario


Muchos intentos de comunicación son anulados por decir demasiado.

Robert Greenleaf

Ante un mundo volátil y que evoluciona aceleradamente gracias a la tecnología, no es extraño que el mercado laboral se enfoque más en los profesionales multidisciplinarios, que en aquellos encasillados en un área con límites draconianamente establecidos. No hay estudiante universitario, ni graduado en cualquier carrera, que pueda prescindir del uso de las computadoras, de Internet, de dispositivos electrónicos de “x” generación y del apoyo de otras ciencias para desarrollarse en sus labores diarias y futuras.

Basta imaginarnos los aspectos legales, religiosos y culturales que debe sopesar un médico al momento de una intervención quirúrgica -por poner un caso- sin dejar de lado todo el dominio de tecnología y equipos que debe poseer.

El comunicador corporativo de hoy, si bien su base es la ciencia de la comunicación, se acerca más al rol de un administrador de empresas. De hecho, para enfrentar problemas de comunicación externa, debe tener conocimiento -o por lo menos debe tener nociones no muy básicas- de cuáles son los principales procesos empresariales en su centro de trabajo.

Así mismo, para desarrollar un plan de acción enfocado en las comunicaciones internas, no sólo debe saber de lenguaje, de cómo expresarse para llegarle a su público, sino tener conocimientos de aspectos organizacionales, del entorno legal que pudiera involucrar un conflicto laboral, nociones de psicología y de ética empresarial. Todo ello sin dejar de lado que es un comunicador pero -al fin y al cabo- también es un trabajador más en la empresa, así ocupe un cargo ejecutivo o gerencial.

No obstante, el aspecto multidisciplinario no implica lo contrario; es decir, no cualquier persona de otra área puede, debe, o tendrá aptitud y actitud para dedicarse a estas labores. Contribuye a este aspecto -que a la larga incide negativamente en la empresa- la creencia de que el área de CC es sinónimo de relaciones públicas, de cabildeo o de periodistas encargados de elaborar notas de prensa o boletines internos, cuando la CC es una labor compleja que requiere tanto de la base conceptual como de la pragmática, comunicacionalmente hablando, pero también del conocimiento de las buenas y malas prácticas, y de las experiencias corporativas.

Creador de identidad
Yo vendo entusiasmo.

Silvio Berlusconi


Si la empresa no tiene identidad propia, hay que crearla. Si no existe una cultura corporativa, es decir, una manera particular de hacer las cosas, también hay que hacerla. Si no se tiene un comportamiento corporativo, uno que permita que los procesos fluyan, pues hay que inventarlo con criterios de comunicador, pero con visión empresarial.

La peor identidad que una empresa pueda tener es aquella que no posee, pues da pie a los públicos objetivo (internos o externos) para que se la formen a su libre albedrío o por influencia del último contacto empresa-cliente. Si éste fue positivo, puede ser que ese público lo recuerde pero no hay quien asegure que confia en la empresa. Si el último contacto fue negativo, con seguridad el público se referirá en forma despectiva a la empresa y no sólo perderá un cliente, sino muchos potenciales.

La identidad tiene como pilares fundamentales la misión y la visión de la empresa. Para que estos pilares sean sólidos y soporten el futuro proceso de CC es deseable que el comunicador corporativo participe en su formulación. En el mundo empresarial, sobretodo en América Latina, solemos encontrar extensas “misiones” y “visiones”, recargadas de palabras, de buenas intenciones, con conceptos que para muchos resultan esotéricos, pero que no poseen contenido comunicacional alguno.

Las mejores misiones que hemos leído ocupan apenas una línea y a veces tienen palabras que se cuentan con los dedos de una mano. Cuanto más claro se diga qué es lo que hace la empresa, cuál es su razón de ser, más evidente será para todos cómo se debe trabajar para alcanzar las metas propuestas.

Si existe identidad, la empresa en su conjunto sabrá hacia donde va. Si se sabe hacia dónde se va, a los públicos se les hará más fácil decidir si desean acompañar a la empresa hacia ese destino. El comunicador corporativo tiene que crear la identidad de la empresa no obstante se diga que existe una; ya que, puede ser cierto, pero no todos la identifican y la conocen.

Facilitador de la comunicación

Si una organización trabaja eficazmente, la comunicación debe hacerse a través del canal más efectivo sin importar su organigrama.

Tom Peters

Por naturaleza todo el mundo sabe y puede comunicarse. Esta frase es quizás una de las más irónicas para un comunicador social pues le lleva a preguntarse para qué estudió la carrera si esto es así. El detalle está en que no todo el mundo sabe comunicarse de la manera correcta. En este sentido, y más aún cuando hablamos de entes tan complejos como lo son las empresas, el comunicador corporativo actúa como facilitador de este proceso: saber qué decir, por qué decirlo, cómo, a quiénes y en qué momento transmitirlo.

Uno de los grandes obstáculos a superar por la CC, a nivel interno, es el esquema organizacional. Mientras más “cajitas” y niveles tenga el organigrama, más cuesta arriba se hace la labor comunicacional. Si a esta característica se le añade el que sea una empresa familiar, o una empresa en la que el más alto ejecutivo la maneja como “suya”, sin delegación de responsabilidades, el trabajo es todo un reto a la imaginación.

En compañías con las características antes descritas, el dueño, el presidente, el CEO, o como quiera llamársele, es quien decide todo y como a él le gusta o parece. Puede ser una persona carismática, aparentemente campechana, que le cae bien a cualquiera, pero no necesariamente es un buen comunicador. Probablemente sea esta una de las razones por las que, en estas circunstancias, el cargo de Director de Comunicaciones (DirCom) sea ocupado por profesionales que poco aportan a la creación real de activos comunicacionales.

Algunos autores limitan la acción del DirCom a la comunicación externa, la imagen pública y las relaciones públicas, dejando de lado la comunicación interna y las relaciones con los trabajadores, lo cual es completamente errado. Los empleados son también vehículos de comunicación empresarial con un efecto multiplicador insospechado y desaprovechado, por lo que deben ser tomados en cuenta al momento de diseñar el Plan Estratégico de Comunicación e Imagen.

El comunicador corporativo debe ser el gran facilitador de los procesos de información y de comunicación, tanto externa como interna, y no debe limitársele su radio de acción. Esta afirmación refuerza el carácter multidisciplinario que debe tener, para así poder relacionarse eficientemente con las diversas áreas de la empresa, tanto como ejecutivo o como un trabajador más, lo cual le permitirá tener una visión amplia del problema a solucionar.

Diseñador de imagen

Las improvisaciones son mejores cuando se las prepara.

William Shakespeare.

“Una imagen vale más que mil palabras”. Nada más cierto para un comunicador corporativo, entendiendo como imagen el conjunto de impresiones, percepciones, ideas, conceptos y experiencias que los diferentes públicos objetivo se forman de la empresa como resultado del proceso de información y comunicación.

La imagen se forma a través de la comunicación pero, para comunicar, tiene que existir una identidad sobre la cual diseñar un plan estratégico del área. Sólo así es que la CC se convierte en una herramienta de gestión empresarial. En caso contrario, será un documento de buenas intenciones, o de acciones aisladas sin fundamento, que generarán gastos a la empresa cuando en realidad la CC es netamente inversión.

Todos y cada uno de los miembros de la empresa, incluyendo los cargos más altos, deben tener clara cuál es la imagen a transmitir por encima de protagonismos personales o pareceres particulares. La política comunicacional es eso: una política, es decir, las directrices oficiales que rigen las actuaciones comunicacionales sobre los asuntos de la empresa, en todo momento y para todos sus intregrantes.

Una imagen se genera a partir de un gesto, de una actitud, de una palabra, y hasta de un silencio. La falta de coordinación en el aspecto comunicacional puede ocasionar que se generen diversas y hasta antagónicas imágenes, las cuales se derivan en percepciones negativas y en una reputación corporativa dudosa.

El comunicador corporativo crea, moldea la identidad y facilita las comunicaciones que la convertirán en una imagen. En este sentido, diseña la imagen que todos los miembros de la empresa transmitirán –inclusive a sí mismos- con su comportamiento, su cultura corporativa y con el sentido de pertenencia que posean.

Comunicaciones con apellido

Corporación: un ingenioso mecanismo para obtener
ganancia individual sin responsabilidad individual.

Ambrose Bierce

Al inicio de este trabajo mencionamos la existencia de diferentes formas de comunicación en la empresa. Es preciso señalar que forman parte de la CC, la Comunicación Organizacional y la Comunicación Institucional, las cuales se suele creer que son sinónimos.

Se entiende como Organizacional el proceso intercomunicacional que se realiza en las empresas -es decir, a nivel interno- a través de distintas formas y niveles, y cuyos contenidos contribuyen al logro de los objetivos empresariales. No obstante su carácter intercomunicacional, ello no impide que las informaciones y comunicaciones trasciendan el ámbito interno empresarial, y –de hecho- participen personas externas a la empresa , lo cual influye para que se confunda con la CC, conceptualmente hablando.

Por otro lado, la Institucional es aquel proceso mediante el cual las empresas informan a sus públicos objetivo (internos o externos) su razón de ser y el papel que desempeñan en la comunidad y sociedad en general, con un carácter unidireccional, impersonal y no comercial.

Sobre la base de estas precisiones y del concepto de CC expuesto en el Punto de Partida, puede entenderse el porqué la Organizacional y la Institucional forman parte de la Corporativa. Así mismo, es fácil inferir por qué la publicidad, las relaciones públicas y otras formas de información y comunicación son otras herramientas utilizadas por la CC para el cumplimiento de sus objetivos.

Existen muchas otras ramas que el comunicador corporativo no debe pasar por alto. En este trabajo nos referiremos especialmente a tres de ellas por la importancia que vienen adquiriendo en la coyuntura latinoamericana: la Comunicación Financiera, la Comunicación Ambiental y la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), llamada también Responsabilidad Social Empresarial.

Los manejos financieros de la empresa no pueden ser ajenos al profesional que nos ocupa. Por el contrario, en mercados financieros globalizados, donde la información está al alcance de cualquier persona, es imprescindible dominar conceptos, términos y procesos económico-financieros para poder transmitirlos con adecuada precisión y oportunidad. Mientras más transparente sea la información financiera, mayores posibilidades de acceso a los mercados de capital tendrán las empresas. Del mismo modo, mientras más entendible sea la terminología financiera, mayor cantidad de público se interesará en invertir en ellas.

Así como los estándares de calidad son cada vez más exigidos en el entorno empresarial, el tema ambiental se hace recurrente. Las normas ISO 14000, referidas al ambiente, no deben ser desconocidas por el comunicador corporativo, tanto para su aplicación interna como externa. Pese a que dichas normas son de uso voluntario, en los últimos años se ha ido incrementando el número de empresas que condicionan sus relaciones con otras según el apego a la regulación en este campo.

Por último, la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) basa su razón de ser en la transparencia informativa y tiene relación directa con las otras mencionadas. Los escándalos empresariales internacionales son una llamada de alerta para que las compañías “sanas” dediquen mayores esfuerzos a la RSC, entendiéndola como el compromiso de la compañía con la sociedad en general, más allá de ser una proveedora de productos y servicios. La RSC implica el diseño de programas en el área social, educativa y económica, así como la participación de empleados, sus familias y la comunidad en ellos, y no debe ser vista simplistamente como donaciones que -en algunos casos- son utilizadas como una forma de pagar menos impuestos.

Una reflexión final

Hay pocos animales más temibles que un hombre
comunicativo que no tiene nada que comunicar.

Christian N. Bovée

Quizás la primera gran tarea del comunicador corporativo es hacer entender a quienes dirigen la empresa la importancia de poseer una cultura de la comunicación. La CC no es tener una oficina de prensa en la compañía. Como dijimos al inicio, la labor del comunicador corporativo es administrar activos intangibles y contribuir a la generación de utilidades.

No obstante, por ahora, no se puede pretender que matemática, contable y exactamente se demuestre en qué porcentaje se incrementarán los ingresos y cuándo se verán realizados . Las labores de comunicación se realizan siempre en el corto plazo y son constantes, pero sus resultados se perciben en el largo plazo.

La labor del comunicador corporativo es incomprendida y subvalorada por quienes no utilizan las comunicaciones como herramienta de gestión, y por quienes piensan que la empresa “camina sola”. El día que la empresa “decida” no caminar, y nadie entienda por qué, espere tranquilo… que tiene trabajo por hacer.
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(*) Antezana C., Miguel E., Apuntes para un Comunicador Corporativo. Revista "Comunicación", Num. 132, Cuarto trimestre 2005. Centro Gumilla; Caracas, Venezuela.

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